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2007/12/19
Grillitos por doquier. Una intensa calma. Una luna de agosto. Acampamos en el valle que precede a Batuecas. Los días desaparecen en el fondo de esas montañas. Ella se aleja con el quinqué para poder escribir y yo me quedo con la luz de la noche, fumando a pesar de todo. Pasará tiempo antes de que vuelva, incluso me impacientaré, sé cómo funciona, me preocupa preocuparme tanto, así que intento dominarme, tomar la débil luz a lo lejos como un punto de referencia e intentar tomar una perspectiva de la sombra de su mano escribiendo sobre el cuaderno. No necesito más. Saber que está a lo suyo y que está apasionada con ello. Eso y saber que el tabaco no se acabará. Y me dejo comer por la vista, por todo lo que se respira, por un calor fresco que se cuela por el Paso de los Lobos y aterriza desde atrás. Es la mejor noche del mundo porque todo está en su lugar. La tienda casi no se distingue y la hierba está mullida. Me gusta el sonido de mis botas sobre la roca, el sonido hueco de la cantimplora de aluminio, el cárabo cerca, los miles de ruidos que llegan desde el fondo del valle. Jamás he visto una luz de luna tan plateada. Me pregunto si uno de los sacos que traemos puede contener a dos personas. Quiero abrazar la noche. Mañana bajaremos hasta el río. Dormiremos sobre las rocas con el agua al lado, cerca del monasterio. Pasado volveremos hasta la Alberca andando y de allí en autostop hasta la ciudad. Nada de lo que pienso y siento podrá jamás ser contado. Sólo espero que no regrese diciendo que hace frío. Quiero que se siente a mi lado y nos fumemos un último cigarrillo juntos, mientras beso su pelo y pienso que es imposible que el saco nos contenga a ambos.
Posted at 01:12 am by agradocero
algo
2007/12/13
Posted at 01:50 am by agradocero
algo
2007/12/10
Matrix es una película hecha por Matrix
Neo se pone unos gayumbos negros y un jersey de cuello alto. Ha quedado para cenar con los colegas. Tomará una ensalada compartida y un risotto de segundo. 35 euros con sobremesa de GinTonic. Luego se va al bar de Urco y se toma otros tres. Llega a casa un poco borracho. Mañana le toca borrar el código fuente de esa parte en que Matrix vende tabaco a los niños y fabrica armas en los alrededores de Cleveland. Aprovecha el puente para terminar esas cosillas. Se toma un Tonopán antes de dormir, para levantarse sin dolor de cabeza. Antes de encender la radio, para que le acompañe en el sueño, se hace una paja recordando un polvo con Luisa. El cuerpo en tensión y la cabeza sobre la almohada doblada. Desde hace un tiempo no sabe qué pensar acerca de nada en concreto, así que se duerme nada más cerrar los ojos.
Posted at 03:11 am by agradocero
algo
2007/12/02
Posted at 10:50 am by agradocero
algo
2007/12/01
Devils are dreaming
Dreaming of a blue angel
Squirrel Nut Zippers
El espíritu charro es así. Uno abre la tapa de un yogur en esta ciudad y la frase que aparece es «dan igual los miles de premios, tú lo que tienes que hacer es seguir buscando». Uno tira de la anillita de un muñeco en esta región, y con cejitas lastimeras y voz sintética se disculpa «siento haberte devuelto mal el cambio». Uno va a la Germán Sánchez Ruipérez a buscar una subvención y no regresa ni con un marcapáginas. Da igual que tu gato maúlle sobre un ciprés, da igual que una mujer esté en apuros, da igual que una panda de maleantes intente atracarte. Cuando eso ocurra, lo único que tienes que hacer es “la señal”, y proyectar sobre el ancho cielo de Cabrerizos una silueta de una dulzaina y un tamboril, el Mariquelo vela por nosotros.
Un charro sabe mucho sobre Pilar Miró. Se ha proyectado El crimen de Cuenca más que en América Rocky Horror Pictures Show. Un charro tiene que estar siempre alerta, cualquier película que le guste, cualquier obra de teatro que le apetezca, cualquier cosa que necesite intelectualmente, sólo durará un día. Si dura dos, es porque también le interesa a la Tercera Edad charra. Y si le interesa a la Tercera Edad es como ir al cine con los Gremlins después de que Gizmo se haya hecho trescientos largos en la piscina municipal. Te da miedo que se sigan sorbiendo el moco después de media noche, pero no puedes decir nada, porque la Tercera Edad es la Tercera Edad, se han ganado el derecho a ser charros más que nadie, y si te pones chulo, aparece el de la dulzaina y el tamboril, te pega dos hostias, y se sube a la cúpula de la más alta torre, para seguir patrullando la ciudad como una gárgola.
Si el Instituto Nacional de Estadística hiciese sondeos sobre peculiaridades, ganaríamos por goleada en: número de bares por habitante, número de habitante que acude a un bar, número de empleados en consejerías (por cada turista que dice Excuse me, hay un conserje que pregunta ¿lo qué?), número de jamones per cápita (un gran amigo llegó a establecer un nexo matemáticamente equitativo entre la producción de jamones en la provincia y el número de titulados universitarios), fundimos a cualquier otra ciudad, comunidad, estado, planeta y galaxia, en número de capullos que regentan un comercio, en inútiles por metro cuadrado institucional, en volumen de harina para la empanada típica, en número de masas informes pintadas de verde, la ranita con birrete, la ranita con bata médica, la ranita en un yacuzzi cenicero, la ranita fumándose un porro junto a otra masa informe con rastas y labios gruesos, la ranita en coche, la ranita follándose una calavera, la ranita follándose a un marciano, la ranita follándose a un toro de Osborne...
Vivimos en una encefaloplanicie mesetaria, donde la envidia y la idiocia crecen más robustas que una encina. Esta capital es un bosque de políticas verticales, un skyline de idiosincrasias paletas, un costurero lleno de estúpidas alfileres sin cabeza.
Hemos ido vaciando la ciudad, comiéndonos el interior de todas las fachadas, dejando la cáscara de la piedra ocre, drenando los espacios hasta inutilizarlos. No hay nada tras las fotos que aparecen en la pantallita LCD, nada tras las paredes, ningún signo que permita relacionar el significante con el significado. Son sólo las letras de esta ciudad las que siguen identificándola por su nombre.
Lo sé, porque sólo en las noches de luna llena, y no en todas, me transformo en madrileño. El resto del tiempo me paseo con capa y pandereta por las terrazas de los bares, intentando morderle el cuello a alguna americana, o en su defecto, que me dé unos centimillos. Al atardecer, todos los charros miramos hacia la puesta de sol, desde las azoteas de los edificios, desde las cornisas de nuestras casas, encaramados a los escudos de la Plaza. Y sentimos que el día acaba, pero que la humanidad sigue avanzando, y que aún quedan muchos bares por abrir y mucho hornazo que comer. Tras la silueta monumental hay un sentimiento que se eleva, una atmósfera de cosas bien hechas que guardamos todos los charritos en nuestra ARCA PECTORIS, un leve susurro que nos dice: Somos guays, a tomar por culo la autocrítica.
Posted at 09:53 pm by agradocero
algo
2007/11/30
El día que encontré aquella pieza de puzle bajo los cojines del sillón, me di cuenta de que el paso del tiempo, por lo menos en mí, invierte los sujetos de la acción. E imaginé un cúmulo de fuerzas centrípetas en torno a ese vacío de troquel, sin poder resolver la imagen, sin poder completar el mundo.
Y ahora, cuando la pista llega tarde, reflexiono sobre la necesidad de crear un mundo para encajar mi pieza.
En el primer momento trataba de falsear el hueco, de tejer la línea del desierto y continuarla a pesar de la interrupción, a pesar de ese trozo de inexistencia. Ahora, después de mucho tiempo, lo único que tengo es justo ese pedazo de historia, esa porción de vida, sin ninguna certeza de todo lo que la rodea.
De un universo fragmentado a un reducto blindado, de un océano complejo a una sencillez insular. No hago más que construir este jardín privado, para tumbarme y dibujar los lejanos horizontes a los que siempre intentaré llegar, y continuar las líneas de esta pieza como si fuesen arena que se come al mar.
Posted at 10:30 pm by agradocero
algo
2007/11/18
Cien páginas para un ombligo, vienen a ser trescientas horas mirando un hombro, mil sueños pronunciando un nombre, tres lustros para entender una mano. Hace falta tiempo para comprender lo simple, para deshacerse de lo impropio, para librar al cuerpo de todo lo que es ajeno. Cien páginas para un ombligo es la única forma de empezar a entender un poco más el mundo.
Posted at 11:41 pm by agradocero
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2007/11/16
Posted at 02:14 am by agradocero
algo
2007/09/22
a mi querido Paco
Extracto del diario de Kate McCann:
Querido diario, hoy he matado a mi hija. Por fin me ha salido bien la fidehuá. Estuvieron Tom y Mary y Paul y Liza. Unas risas.
Hay gente que cree que las palabras son como monedas tiradas a una fuente, y que el peso con el que caen al fondo es el valor del deseo. No se dan cuenta de que si así fuese, las monedas flotarían como nenúfares. En toda palabra hay una gravedad, un lastre de significado, un sentido de plomo. Cada comentario tiene su efecto en el espacio, su volumen en el diálogo. La levedad sólo es propia del silencio, no existe ligereza en el discurso. Es como una ley física de la oración. Y aunque los vocablos dibujen remolinos, soplen plumas, susurren al viento, todas y cada una de las cosas dichas terminarán cayendo por su propio peso. Ni la ironía ni el humor, ni el circunloquio, ni la posmodernidad, pueden burlar este cruel destino en el que las palabras llenarán el fondo, desalojando un volumen de líquido similar. Nada de lo dicho es vano, pues desplaza al que lo dice en el espacio. Le ceba de características, le engorda de significados. Todo acaba alimentando, llenando de colesterol dialéctico las venas de la expresión. Porque dos barritas de poesía española, un batido de buena literatura inglesa, o meterte los dedos hasta lo primero que aprendiste en el colegio, no te libran de finalmente ingerir todo lo que has vomitado.
Así que dejemos de hablar y callemos. O mejor, dejemos de hablar y besemos, pues al final parece que el silencio y el amor son los únicos hilillos de agua que siguen nutriendo la fuente de nuestros deseos.
Posted at 12:05 pm by agradocero
algo
2007/09/12
Y hablamos de nuestros perros, allí, sentados frente a la estatua. Y ella me dijo que los hospitales le daban mucho repelús, y que ya me conocía pero no sabía de qué, que no era por Juan el dueño del mastín, sino de más atrás. Y me dijo que vivía sola porque lo había dejado con el que fue dueño de Zeus, pero que se iba a ir con una amiga a vivir porque no podía pagar tanto y que quería ir a clases de inglés. Y me dijo que se llevaba muy bien con su padre pero que con su madre no tanto, y que salía por ahí por las noches, y que su abuelo murió el año pasado y volvió a mencionar el repelús al hospital, y que había estado en Gandía a finales de julio y en el pueblo otra semana antes de volver al trabajo, y me habló de su hermana pequeña, y de cómo Zeus había rasgado los libros de la mesilla y se había comido dos bragas.
Y después de un largo silencio ambos nos dimos cuenta de que el parque se había hecho inmenso, y de que ver los árboles era como mirar con gafas de buceo hacia el horizonte del mar bajo el agua. No le di un beso porque yo ya no sé qué pensar en estas situaciones, porque había empezado a hacer frío, porque me meaba, porque las cosas nunca suceden como tienen que suceder. Ya nunca más. Independientemente de la profundidad del mar.
Posted at 05:57 pm by agradocero
algo
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